La palabra imprescindible va camino de desaparecer del vocabulario de los integrantes de la plantilla del Sporting, que ayer se hizo la foto oficial de la temporada. La política de rotaciones -un vocablo que Manuel Preciado odia, ya que él prefiere hablar de que juega el que se lo gana en los entrenamientos- que el técnico rojiblanco ha puesto en marcha está provocando que adivinar la alineación del equipo sportinguista sea prácticamente una quimera.
El entrenador de Astillero ha reflotado al equipo manejando algo muy frágil: la mente. Lo primero, a su juicio, es que los jugadores se lo crean. El técnico ha cambiado la pesadumbre del vestuario por optimismo. Una vez logrado que los jugadores crean en él, en lo que hacen, en lo que pueden conseguir y en que en este plantel no hay nadie titular ni reserva de antemano, Manuel Preciado ha dado nuevos pasos en su método de trabajo.
Algunos ya habían experimentado esa sensación en otras ocasiones, durante la anterior temporada, pero otros deben sentirse extraños al tener que contemplar sentados cómo sus compañeros se hacen la foto de rigor antes de comenzar el encuentro. Un equipo base sí existe. Y el entrenador rojiblanco también ha conseguido crear un bloque en el vestuario. Pero lo que no ha posibilitado es que los aficionados se aprendan de carrerilla un 'once' inicial. En los doce compromisos ligueros que ha dirigido al Sporting esta temporada ha presentado nueve alineaciones diferentes, aunque siempre utiliza idéntico sistema táctico. Sólo repitió equipo en los encuentros ante el Castilla y el Vecindario y contra el Tenerife, el Murcia y el Cádiz.
Lo importante, en cualquier caso, es que, se llame como se llame quien sale al campo, el resultado final no varía. Y esa premisa se está cumpliendo. El técnico cántabro ha ido perfilando un bloque titular con el paso de las jornadas. Pero no definitivo. Es fiel a su sistema, no a un grupo reducido de jugadores. Ha aplicado el sistema táctico utilizado en sus anteriores etapas en los banquillos: 4-2-3-1, con dos pivotes y aprovechamiento de las bandas. Confía ciegamente en su fórmula y no la varía en función del adversario o resultado. Pero la flexibilidad en la composición de sus 'once' le ayuda a obtener más réditos de una plantilla confeccionada con mucho tino, poco dinero y juventud a paladas.
Ni la alternancia entre Joni López y Jorge en el eje de la defensa, ni la entrada de Pedro por Gerardo, ni la baza de Javi Fuego y Marcos Landeira en el centro del campo, ni la aparición de Omar formando pareja con Barral hasta la puesta en forma de Congo, han supuesto ningún impedimento para lograr el triunfo. Ninguno de ellos desentonó.
De hecho, hasta veinte jugadores ya han disfrutado de minutos esta temporada. Y Preciado ha prometido más a todos aquellos que se lo ganen en los entrenamientos, pieza clave del planteamiento del míster. Eso sí, sólo dos de ellos han jugado todos los partidos desde el inicio: el meta Roberto y el central, ahora reconvertido a lateral izquierdo, Juanmi. A su estela, Sastre, con once encuentros, y Andreu y David Barral, con uno menos.
Por contra, cuatro jugadores mantienen a cero su casillero de participaciones, aunque esperan estrenarlo pronto. Uno por línea. Alejandro, Chus Bravo, Noel Alonso y Karanka. El meta es quien más complicado lo tiene, pero no por su calidad, sino porque Roberto es quizás el único de la plantilla que tiene la titularidad casi plena. El central se estrenó en Castalia en una convocatoria y su regreso a un terreno de juego está cercano. El lateral gijonés ha visto cerrado el camino por un incombustible Juanmi y por el canterano Canella. Y el delantero vasco ha sido víctima de una rotura de menisco en pretemporada que la ha dejado en inferioridad respecto a sus compañeros. Ya recuperado, podría ser la novedad de la lista de Preciado ante el Hércules.